El otro Carlos español campeón del Dakar 2024: “Nada más llegar, se nos calentó el coche, y se me vino el mundo encima”

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Rosa Santaolalla
Jan Rosa y Carlos Santaolalla, campeones del Dakar 2024 en categoría Classic (Instagram Carlos Santaolalla)

Carlos Santaolalla, 59 años, tiene una empresa que se dedica a fabricar tubos flexibles para la agricultura y la industria. Jan Rosa, con 22, está estudiando Derecho, Económicas y Políticas, es profesor de guitarra y, además, director de un esplai, la versión catalana de los Boy Scouts. El motor, otra parte importante de sus vidas, les unió para siempre en el Dakar 2024. Allí, piloto y copiloto, a la par que maestro y alumno, compartieron hito con Carlos Sainz y Lucas Cruz (coches), Cristina Gutiérrez y Pablo Moreno (Challenger) y Jordi Juvanteny, José Luis Criado y Xavi Ribas (Mission 1000). Como el resto de estas duplas españolas, se proclamaron campeones de la prueba. En su caso, en la categoría Classic, aunando una retahíla de más difíciles todavía. Por ejemplo: sentenciaron el triunfo en la última etapa, nunca habían corrido juntos y, sobre todo, estuvieron a punto de no acudir al desierto árabe.

“La idea era descansar, tomarlo con calma, hacer otras cosas con la familia. Porque, al final, para ellos también es muy duro estar 22 días separados”, reconoce Santaolalla en conversación con Infobae España. “La pregunta cuando hablamos, porque él estaba sin piloto, fue ‘¿quieres ganar el Dakar?’. Y me dijo que sí. Nos quedaban dos días para inscribirnos”, añade. “Aparte de entendernos muy bien como personas, hemos hecho un equipo espectacular y de improviso”, atestigua Rosa.

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A base de “resiliencia” y “perseverancia”, han sido los mejores a los mandos de un Toyota Land Cruiser HDJ80 prácticamente “indestructible”. “Un tractor muy rápido para ir por el desierto”, abonado a la regularidad aunque todo se decidiese en la jornada final. “Estuvimos liderando todo el Dakar. Nos metieron una penalización muy grande que duplicó los puntos que teníamos en la clasificación y nos relegó a la tercera plaza. Igualó mucho a todos los competidores. Cualquier cosa podía pasar. Pudimos remontar, pero hasta el último día no supimos quién ganaba. Cuando nos levantamos el último día, nos separaba un segundo. Quedaba un tramo: quien lo ganase, ganaba el Dakar. Imagínate los nervios de ese tramo y la intensidad con la que se corre sabiendo que te lo juegas todo a una carta”, apunta Jan, campeón en su segunda intentona.

Santaolalla abrazo
Carlos Santaolalla celebra el título en el Dakar (Instagram Carlos Santaolalla)

Era el tercer Dakar para un Carlos pleno de confianza a la hora de la verdad. Quizá su amiga Clara, fallecida mientras competían, les insuflase la energía necesaria: “Para mí, fue el día más tranquilo de todos. Te levantas con una fuerza interna muy grande y yo estaba más nervioso el día anterior o los dos días anteriores que ese día. Pero es una emoción hasta el final. Cuando sabes el resultado, que además tardó bastante rato en salir, como tres o cuatro minutos… Estuvimos allá buscando las actualizaciones de los tiempos. Fue muy emocionante. Todo el mundo allá, pendiente de nosotros. Muy bonito”. La mezcla de emociones que experimentaron al saberse vencedores (”rabia, alegría, orgullo”), tras el “aprendizaje de vida” que otorga una competición “realmente increíble”, fue total. Porque ganarla, asegura Rosa, es “indescriptible”.

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La sanción que apretó la general en Classic no fue el único contratiempo con el que se encontró la pareja. De hecho, Santaolalla, segundo en 2023, tuvo un mal presentimiento, por circunstancias similares a las que le arrebataron el trofeo en la edición anterior, al inicio de la aventura. “El coche no estaba revisado del año pasado, cuando tuvimos muchos problemas con él. Se paraba y tal. Nada más llegar al Dakar, se nos calentó. Y a mí se me vino el mundo encima y empecé a ver fantasmas. Nos pasaron dos cosas seguidas: se nos calentó un radiador y se nos rompió la barra de la estabilizadora. Fue llegando al campamento, lo que supuso una ventaja, pero a mí me dio un bajón muy grande. Te hace pensar ‘jolín, si empezamos así, vamos a ver cómo acabamos’. Pero bueno, al final todo ha salido bien”, rememora, ya con el alivio de tener el Touareg debajo del brazo.

“No correría el Dakar en moto por nada del mundo”

Carlos no paró de perseguir el sueño de correr el Dakar hasta que lo cumplió. Quiso hacerlo en moto, pero hace mucho que desechó esa opción. Por economía, trabajo o, directamente, el peligro. De hecho, con el recuerdo de la muerte de Carles Falcón muy presente, es contundente: “Hoy me pagan muchísimo dinero por correr el Dakar en moto y, no por no poder físicamente o no tener la técnica, no lo haría por nada del mundo. Lo veo muy arriesgado, muy complicado”. Prefiere la mayor seguridad de los coches, aunque la velocidad y el riesgo también exista en ellos.

Con tres décadas de rodaje a las espaldas, una conversación con la madre de su copiloto habitual, Aran Sol, hizo nacer en Santaolalla el deseo de ganar el rally más famoso y exigente del mundo. “Era una excelente navegante. Hace 30 años, no había GPS. Salíamos cada media hora, poníamos un GPS al sol y cuando se juntaban los satélites, nos daba la posición. Un día, en una duna en Libia, en medio del desierto del Marzuq, me hizo una pregunta. ‘¿Por qué no corres el Dakar, que lo haces bien?’. ‘Bueno, si un día lo corro, tú serás mi copiloto’. No pudo ser, ella nos dejó hace unos años. Y habiendo salido la oportunidad del Classic, no me lo pensé dos veces. Viéndolo en casa el primer año, comiéndome las uñas, le dije a mi mujer ‘voy a correr el Dakar y voy a ganar’”, relata.

Dicho y hecho. Primero, fue sexto en 2022: “Lo competimos mucho dentro de llevar un coche hasta con radiocasete. Aprendimos lo que era la regularidad”. Al año siguiente, subcampeón, ya con aspiraciones “para competir”. Y en la actualidad, ganador, junto a un Jan que ni siquiera “veía factible”, porque lo suyo suele ser “el asfalto”, acudir al Dakar. Y ni mucho menos subirse a lo más alto del podio con Carlos. “Jamás hubiera dicho, hace dos años, que este Dakar lo estaríamos ganando”, admite el más joven de esta ecuación.

Carlos Jan coche
Carlos Santaolalla y Jan Rosa en su Toyota Land Cruiser (Instagram Carlos Santaolalla)

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“No es pura velocidad, pero realmente es muy rápido. Piensa que salimos del coche sudando. Tendríamos que lavar el mono cada día. Es muy emocionante. Y los coches realmente funcionan. No les puedes pedir mucho más. Todos no podrían hacer el Dakar moderno, obviamente, pero hay algunos que a otro ritmo, sin prisa, sin hora de llegada, podrían hacer cosas. A lo mejor, en vez de hacerlo en un día, lo podrías o tendrías que hacer en dos. Pero se podría. Son coches más lentos, pero realmente competitivos”, asevera Santaolalla sobre la modalidad en la que se han impuesto. Una en la que los dos ocupantes del vehículo deben estar “muy bien sincronizados”, como ha sido el caso.

En ese sentido, Rosa ve cuatro factores clave para explicar la gesta: “Piloto, copiloto, coche y equipo”. “Si falla uno de estos cuatro, el Dakar no se gana. Seguro, porque son muchos días. En este caso, los cuatro han sido maravillosos”, celebra. El éxito, además, ha servido para patrocinar la iniciativa Desetiquétame, que busca dar visibilidad a los trastornos de aprendizaje. El propio Carlos tiene TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) y dislexia. “No eres el despistado ni el diferente. Sencillamente, tienes otra forma de hacer, entender y aprender. Y es importante quitarle esa etiqueta a las personas para que se sientan fuertes y válidas y tiren adelante”, reivindica.

En el horizonte, y a pesar de tenerlo ya en el palmarés, hay retos pendientes con el Dakar. En el caso de Carlos, correrlo con su mujer o su hijo. Pero todo se verá con el paso del tiempo. Por ahora, tanto a él como a Jan les toca volver a la normalidad. Eso sí, con un sabor de boca inmejorable tras el paso por las dunas marroquís. “Es un orgullo que los equipos españoles estemos tan delante. Creo que habla muy bien del motorsport español y que jode mucho a los franceses, que siempre es bueno”, ríe Rosa. “Esa sensación la tenemos todos. Que les ganemos los españoles y no haya franceses rivales les toca bastante la moral”, le sigue, entre carcajadas, Santaolalla. A buen seguro que disfrutarán del momento: “Es una cosa muy complicada y te puede pasar una vez al año o una vez cada 15 años. No lo sabes. Hay que esperar un año para probarte de nuevo”.