Memphis llega a tiempo para tumbar al Rayo y subir al Atlético al tren del derbi

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Memphis celebra su gol anotado ante el Rayo (REUTERS).
Memphis celebra su gol anotado ante el Rayo (REUTERS). (JUAN MEDINA/)

Memphis sigue de dulce. El neerlandés completó su semana fantástica, con tres goles decisivos en tres partidos disputados en menos de siete días, y rubricó la quinta victoria consecutiva del Atlético cuando el Metropolitano ya casi lamentaba un inesperado tropiezo ante el Rayo Vallecano que hubiera restado algo de picante al derbi del domingo ante el Real Madrid. Aunque vaya por delante que un derbi siempre es un derbi. No leerá en estas líneas un ensayo desmerecedor del partido más atractivo del fútbol español en la actualidad -por delante del Clásico- por una mera cantidad de puntos que separe a merengues de colchoneros.

Hay rivalidades que nunca se acaban y la de Real Madrid y Atlético es una de ellas. Simeone lo conoce de primera mano. Ello y la exigencia del calendario -semifinales de Copa del Rey, derbi en el Bernabéu y la ida de octavos de Champions ante el Inter en Milán- provocó una revolución en el once. Sin Lino, Koke, De Paul y Griezmann, y los lesionados Giménez y Morata, era una alineación singular que propició un inicio de partido deshilachado. La presencia del recién llegado Vermeeren, al que el Cholo lanzó directamente a la piscina para comprobar si sabe nadar, fue lo más inusual. No es muy proclive el técnico argentino a dar alternativas exprés a los nuevos. Y menos a un chico de 18 años.

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Tímido debut de un Vermeeren desnaturalizado

Lo situó por la derecha, aunque en el Amberes destacara como pivote. Y ese empujón hacia el costado pareció dejarle algo desorientado y tímido, como se muestra desde su aterrizaje en Barajas. El belga combinó recuperaciones con toques acelerados que delataban su nerviosismo y morriña del eje del centro del campo, donde mejor despliega su juego. No obstante, no le dio tiempo a demostrarlo. Su sustitución al descanso estaba cantada, de primero de cholismo. Por contraposición, el Atlético creció a partir de un Barrios que prolonga su crecimiento.

Griezmann, Memphis y Simeone celebran el gol del futoblista neerlandés al Rayo Vallecano (REUTERS).
Griezmann, Memphis y Simeone celebran el gol del futoblista neerlandés al Rayo Vallecano (REUTERS). (JUAN MEDINA/)

Robaba, distribuía, rompía líneas e incluso se permitía alguna inventiva como una ruleta en campo propio, de esas que se festejan cuando salen y maldicen cuando no, que sirvió para aclarar la jugada terminada con un mano a mano entre Correa y Dimitrievski del que salió ganador el macedonio. Fue el primer aviso de los rojiblancos en general y el argentino en particular. Volvió a gozar de otro intento en la que esta vez sí batió el meta rayista, pero apareció el banderín levantado del asistente y la posterior ratificación del VAR para invalidar el gol por fuera de juego.

Reinildo, jefe de las áreas

El golpe no aminoró el ataque del Atlético que buscaba picar como lo hizo Reinildo, para demostrar que no sólo manda en área propia, sino también en la contraria. Se presentó en la del Rayo para cabecear una falta lanzada tensa por Riquelme al barullo, allí donde estaba el mozambiqueño, entre Lejuene y Kike, para enviarla a la red. Lo hizo agarrando la camiseta del primero, al mismo tiempo que agarraban la suya.

Lo revisaron en el VAR entre tomas frontales, dinámicas, super slow y on field review –y cualquier adjetivo anglosajón rimbombante que se le ocurra- pero ninguna de ellas lo invalidó. El gol, sin embargo, no descompuso al bien plantado Rayo. No tardó en trenzar una buena jugada, mejor acabada por Álvaro García de manera pragmática. Control orientativo y zurdazo cruzado inalcanzable para Oblak. El pelaje de su equipo no le debió gustar nada a Simeone. Al cantado cambio de Vermeeren para dar paso a Molina no tardaron en sumarse las entradas de Lino, De Paul, Griezmann y Koke.

La guardia pretoriana entraba en escena para tratar de resolver un partido que el Rayo manejaba mejor. El séptimo de caballería desplegado apenas llevó peligro más allá de otra inventiva de Barrios que permitió a Memphis batir a Dimitrievski, aunque de nuevo el VAR anuló la acción por fuera de juego. La jugada al menos excitó a la grada y permitió una última bala. Koke cambió el juego, Griezmann ganó por arriba y Memphis, esta vez en posición correcta, rebañó para batir de manera definitiva al meta macedonio y trasladar al Bernabéu el último halo de esperanza liguero del Atlético.