Pepe Imaz, el español ‘infiltrado’ en el séquito de Djokovic: “Me emociona cuando personas en este circo social son así”

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El tenista serbio, Novak Djokovic (REUTERS/Tracey Nearmy)
El tenista serbio, Novak Djokovic (REUTERS/Tracey Nearmy) (TRACEY NEARMY/)

Novak Djokovic se erige como un icono viviente del tenis a sus 36 años. Solo sopesa dos factores que le podrían hacer replantearse su continuidad en la esfera del tenis mundial: no ser capaz de competir al máximo nivel o el tiempo lejos de su familia. Iniciaba 2024 como número uno y, tras el increíble cierre de la pasada campaña, en la que alzó tres de los cuatro Grand Slam, el serbio se marcaba como objetivo ganar los cuatro grandes en un mismo año. Llegó hasta las semifinales del Open de Australia, pero un Jannik Sinner imbatible acabó con su sueño. Una derrota que iba más allá, ya que, suponía el fin de una racha de 2.195 días sin perder en el torneo australiano, y la primera derrota en unas semifinales del mismo.

A los 36 años, Novak es capaz de resurgir de las cenizas, como un ave fénix, para poner el partido de su parte. Él mismo desvelaba una serie de rituales que lleva a cabo y que le permiten relajar y recuperar la energía para afrontar los torneos más importantes. “Me gusta visitar ciertos lugares que me han traído suerte y me hacen sentir bien. Por ejemplo, los jardines botánicos que tenemos cerca. Es un parque estupendo donde me gusta pasar tiempo en soledad junto a la naturaleza, caminando descalzo, abrazando árboles, haciendo estas cosas. Me encanta hacerlo. Lo he hecho durante los últimos 15 años”, confesó el serbio en una de las ruedas de prensa del Open de Australia.

Este camino de paz tiene, en parte, algo que ver, con Pepe Imaz, quien fuese componente de su equipo. El español comenzó a jugar al tenis con cuatro años. A los diez ya destacaba entre su generación, pero a una edad temprana, a los 23 años, se dio cuenta de que ese mundo no era para él. No podía soportar la presión, se autocastigaba emocionalmente y decidió dar un paso atrás y abandonar la competición. Buscó ayuda y consiguió salir de ese túnel oscuro, dándose cuenta de que lo que realmente necesitaba era amor, en especial, amor propio. Un año después, comenzó su proyecto ‘Amor y Paz’, una escuela en la que comparte lo que a él le ha enseñado y le ha ayudado a salir adelante.

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Fue gracias a este proyecto por el que Imaz y Djokovic llevan trabajando juntos desde hace más de una década. Se conocieron tras la vinculación del español con Marco, el hermano de Novak, cuando este atravesaba “un momento muy malo a nivel emocional”. “Empezó a irle muy bien y Novak quiso conocer. Se ocupa mucho de la gente que quiere, es muy generoso, entonces él sufría con el dolor de su hermano y buscaba soluciones”, recuerda el riojano con emoción para Infobae España cómo hace algo más de diez años la vida lo puso en el camino del número uno mundial. “Nos lleva poniendo ya casi una década en compañía muy cerca y es maravilloso, me encanta poder acompañarle”, asegura Pepe.

El extenista español ‘infiltrado’ en el séquito del serbio no se atribuye ningún mérito de todo lo que Novak lleva a cabo y emplea para mantenerse fuerte física, pero sobre todo, mentalmente. “El 100% es de él. A cada persona le llegan cosas en su vida y luego las filtra, las digiere y las hace suyas. Todo lo que nace es de él”, manifiesta Imaz, quien puntualiza que aunque haya habido “circunstancias, situaciones, personas o lugares que hayan aportado, todo lo que él hace es suyo”. “Yo simplemente lo comparto y él hace su camino. Lo que sí puedo decir es que, observándolo en estos diez años de estar a su lado, yo veo que es maravilloso el trabajo que hace con él mismo, el trabajo, el ímpetu que ha puesto, el interés y el deseo de trabajar con su persona, su ser humano. Ha sido consciente de la importancia de estar en equilibrio en su vida y en su profesión”, añade.

“Está trabajando para encontrar el equilibrio entre su fuerza y su carácter, con su calma y armonía”

Más de una vez ha llamado la atención el fuerte de carácter de Novak, que lo ha manifestado rompiendo una raqueta, encarándose con el público, o como la última ocasión que protagonizó en las semifinales del Open de Australia, golpeando un micrófono. Pepe Imaz confiesa que es en este carácter en el que “está trabajando para encontrar el equilibrio entre su fuerza y su carácter, con su calma y armonía”.

“Es cierto que tiene mucho carácter y que cuando se enfada, puede romper una raqueta y luego se libera. No está bien hecho, sería mejor si no lo hiciera, pero a ver quién, cuando está fuera de sí, puede controlarlo. Él no. Él decide hacerlo y luego se equilibra y dice ‘lo siento’. ¿Qué es mejor coger una toalla o pegar un grito? Sí, pero nos quedamos con eso, con que sabe pedir disculpas”, afirma Imaz, quien pese a este fuerte carácter, reconoce que ”la parte humana de Novak es extraordinaria”. “Me emociona cuando personas en este circo social son así”, afirma al hablar del lado más social del serbio.

Lejos de “la portada de furia” que muestra Djokovic, “lo otro también lo sobrepasa”. “Yo cuando le miro a los ojos veo a un ser humano, y aún es más difícil serlo estando donde él está socialmente hablando. Es mucho más difícil, porque están todo el día haciéndote creer que eres la leche”, confiesa Pepe Imaz, quien describe a Novak Djokovic como “un ser humano con letras mayúsculas”.