El restaurante de la Ruta 2 que cerró por la pandemia y fue reabierto por un cliente que mantuvo su esencia

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Ama Gozua fue fundado por una familia de raíces vascas, el 5 de octubre de 1968 (amagozua)

Cuando en septiembre de 2020 el cartel “en venta por cierre” fue puesto en la fachada de Ama Gozua, todo Maipú se conmovió. La publicación en la cuenta de Instagram aclaraba que el legendario restaurante a la vera de la Ruta 2 escuchaba ofertas por mensaje privado.

Con las historias nacidas en 1968 también se iban el viejo perchero de época con un espejo en su interior, una máquina de café usada adquirida en 2019 marca Criollo Plus, una máquina de café sin usar y restaurada por Cabrales marca Criollo, sillas de madera, una Pastalinda… Un gran remate de su mobiliario presagiaba el inesperado y triste final del tradicional restaurante ubicado a la altura kilómetro 274, municipio de Maipú, provincia de Buenos Aires, a unos 136 kilómetros de Mar del Plata.

Nada parecía frenar a una víctima más de la pandemia y fue tal la conmoción, entonces, que un grupo cuatro clientes de toda la vida se asociaron para comprarlo y tras tres años de estar cerrado, lo salvaron en enero de 2023.

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Como novedad, el afamado lugar agregó un espacio pet friendly

“Eso me devolvió la vida. Imaginate que empecé a trabajar acá en mi adolescencia, pero, además, yo me crie adentro”, cuenta Juan Ignacio Ercoreca, nieto de los fundadores de Ama Gozua y cuarta generación de la familia Ercoreca en el país. No sólo que salvaron el histórico lugar sino que hicieron lo posible para mantenerlo en completa esencia. “La carta no es grande, pero esta bien hecha. Mi abuela decía: ‘¡Lo poco que se haga tiene que estar perfecto!’, y eso se mantiene”, subraya el orgulloso nieto.

Emocionado, cuenta: “Cuando los antiguos socios compraron nos contrataron a mi, a mi tío y aun primo para seguir con la misma calidad de los productos que siempre vendimos”, dice sobre los embutidos característicos que venden al público. “Aunque la comida es la misma de siempre, se agregaron platos nuevos como empanadas, que antes no había”.

El esmero también se ve desde afuera: “La fachada se mantiene intacta, se la pinta, claro, pero se la mantiene como la original. Las reformas que se hicieron fueron adentro, pero sólo en una habitación que un tiempo fue el lugar donde yo compartía con mi abuela y que más tarde se convirtió en un deposito”, aclara.

Como novedad, el afamado lugar agregó un espacio pet friendly: un deck de madera en la vereda para que los clientes puedan ir a comer con sus perros.

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Una foto de los orígenes del restaurante de Maipú

La historia

Anclado en una esquina del pueblo de Maipú, la fachada rectangular de almacén se mantiene de pie al paso del tiempo: la construcción data la década del veinte y pese al caminar de los años, sólo se le hicieron tareas de conservación en techos, pisos y aberturas.

Como si eso predijera su futuro, aún cuando la pandemia y el aislamiento preventivo, social y obligatorio que afectó a todo el mundo, y se llevó a su paso a miles de comercios gastronómicos, Ama Gozua tenía otros planes y hoy, en el floreciente verano de 2024, volvió a ser el lugar de parada obligada para quienes viajan hacia Mar del Plata.

En sus inicios, la casona fue la sede de una biblioteca socialista, luego, una familia de origen vasco la compró. Don Manuel Ercoreca, que había llegado al país en el 1900 desde Bermeo (una localidad con costas y puerto que mira el Golfo de Vizcaya) trajo el apellido a la Argentina. Fue Guillermo, uno de sus hijos, quien se mudó a Mar del Plata junto a Evangelina Bilbao, su esposa, con la idea de iniciar la actividad comercial, pero en poco tiempo se fundieron y se trasladaron a Maipú.

El lugar elegido fue la localidad de Las Armas, un pueblo dentro del municipio bonaerense. Allí fundó el almacén casi homónimo, Almacén Las Armas, en un pequeño local de expendio de comida en la orilla de la Ruta 2 que habían alquilado donde Guillermo Ercoreca comenzó a hacer chacinados y embutidos.

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La vieja balanza de Ama Gozua

“Les convidaban chorizos a los camioneros que se detenían en el tramo de una ruta, por entonces, de una sola mano”, repasa Juani. Allí, estuvieron un año y el 5 de octubre de 1968 compraron la esquina de enfrente y pintaron la fachada con el nombre: Ama Gozua, o “Mamá Dulce”, traducido del eureska, el idioma vasco.

“No sé si el nombre se debe a mi abuela, que era una persona divina, muy dulce”, opina el nieto que es mozo del restaurante. Por entonces, trabajaban Guillermo, Evangelina y tres de sus cuatro hijos: Guillermo, Miguel y Fernando. La mujer trabajó un tiempo y luego eligió otro oficio, pero aún se la recuerda por la sopa que hacía, por flan casero de antología y los ravioles de acelga. En esos primeros años, abrían las 24 horas y la circulación de gente era continua: ocupaban dos salones y las cuarenta mesas siempre estaban llenas.

Antes de la pandemia, la sociedad familiar estaba conformada por Miguel y Fernando, hijos del fundador; Nora, la esposa de Guillermo; Guillermina y Juan Ignacio, nietos del fundador.

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En el peor momento, Juani habló con Infobae y en carne viva contó lo que estaban viviendo tras la pandemia: “Fue muy duro cerrar. Mis tíos y mi vieja están destruidos. Son muchos años acá adentro trabajando. Todos somos y fuimos mozos. Mi viejo (Guillermo) se murió en 2008, pero para mí se murió ahora. Volvió a morir hoy. Lo habían abierto mis abuelos, yo me crié ahí. Tengo 40 años y el negocio tiene 52, imaginate. Es muy bravo, muy fuerte tomar esta decisión”.

Por el lugar pasaron figuras del espectáculo como Viggo Mortensen, Diego Capusotto, Guillermo Coppola, Moria Casán, Luis Brandoni, Mercedes Sosa, Flavia Palmiero, Soledad Silveyra o Nora Cárpena. “Hoy volvió Coppola… La clientela es muy buena, nunca hubo queja de ellos, es más, siempre ayudaron a darnos a conocer”, admite.

Operación salvataje

Antes de la reapertura, lograda en enero de 2023, un grupo de socios inversores pasó dos meses completos con las tareas de mantenimiento y refacciones para volver a abrir. Se sumó una parte de adecuación tecnológica, pero no se modificó nada del tradicional bodegón.

Esto sucedía ante la alegría de los vecinos, ansiosos por las novedades. “Algunos preguntaban si volverían a comer sus viejos platos”, recuerda. Todo se mantuvo: las recetas, el mobiliario, la fachada, las mesas… hasta el mantel de cuerina y la servilleta de papel bajo el plato. Y los nuevos dueños optaron por mantener el linaje.

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Uno de los platos típicos

“Cuando comenzamos a negociar la compra empecé a interactuar con Esteban Ercoreca, quien los representaba en la venta. Allí me di cuenta que era un chico con mucha capacidad y con mucha pasión. Le propuse a mis socios a invitarlo a que se quedara y fuera parte del equipo de trabajo”, detalló a un diario local uno de esos socios.

También quedaron Miguel y Juani. “El tío Miguel es el encargado de realizar los chacinados”, cuenta y aclara: “Él revivió luego de pensar que debía cerrar para siempre, es un referente para nosotros porque se aprende mucho de él.

Personalmente, Juani se siente feliz. “Volvimos a ser un éxito. Hoy estuvo lleno todo el día y mañana estará igual. Cuando nos quedamos con las manos vacías, yo sentí que mi viejo, que murió de un infarto en 2008, murió de verdad ese día, pero hoy, que todo está en marcha lo vuelvo a sentir cerca”, finaliza.