La función de los vitrales a lo largo de los siglos: esas “Biblias de luz” que elevan la mente y colorean las iglesias

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Ventana rosetón, dedicada a la Virgen de la Salud, en la Iglesia de San Camillo en Milán, Italia. Este maravilloso «rosone gótico» fue creado por un vitralista anónimo a finales del siglo XIX y donado a la iglesia como signo de devoción a la Virgen de la Salud, protectora de las personas enfermas (Getty) (Gianluca Fabrizio/)

Si alguna vez los ha sorprendido la belleza de los vitrales cuando visitan una iglesia, quizás se hayan preguntado por qué están tan presentes y qué papel juegan en estos edificios sagrados. Tener un conocimiento profundo de los vitrales es gratificante, no importa si uno es cristiano o simplemente un amante del arte. Su historia está impregnada de una mezcla de devoción, arte y técnica, que ha permitido a los fieles, a lo largo de los siglos, acercarse a lo divino a través de la luz y el color.

Los vitraux de las iglesias son obras maestras artísticas que combinan estética y función. Cuentan historias bíblicas, o vidas de santos, o hechos milagrosos que iluminan el interior de los templos con luces coloridas creando un ambiente sagrado y conllevan un profundo simbolismo religioso. Y como todo arte, tiene su historia.

Durante siglos, los vitraux han iluminado los interiores de las iglesias, cautivando a los fieles con su belleza luminiscente y sus coloridas historias. Estas ventanas, mucho más que simples aberturas, son verdaderos lienzos que cuentan la historia del cristianismo, las enseñanzas de la Biblia y las tradiciones de la Iglesia.

El arte del vitral, tal como lo conocemos, surgió en un contexto donde la Iglesia buscaba comunicarse visualmente con sus fieles. En una época en la que la alfabetización era escasa, las imágenes eran una forma poderosa de transmitir mensajes espirituales. Las primeras formas de vitraux se remontan a la época románica, donde se insertaban fragmentos de vidrio coloreado en marcos de madera o piedra. Pero fue en el siglo XII, con la llegada de la arquitectura gótica, cuando el arte de los vitraux realmente despegó. Catedrales icónicas como Chartres en Francia exhibieron este arte, con ventanas que se extendían desde el suelo hasta el techo, contando complejas historias bíblicas y presentando santos y mártires.

El florecimiento de los vitraux se dio en el período Gótico, cuando esta arquitectura, con sus altas bóvedas y amplias ventanas, proporcionó el espacio necesario para narrar. Estas “Biblias de Luz” sirvieron para instruir, inspirar y elevar la mente de los fieles hacia lo divino.

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La Sainte Chapelle de la Catedral de Lille, en Francia( Getty) (Bruce Yuanyue Bi/)

En el corazón de estas majestuosas creaciones se encontraban los maestros vidrieros. Estos artesanos eran más que simples fabricantes de ventanas; eran narradores, teólogos y artistas. Sus conocimientos, transmitidos de maestro a aprendiz, permitieron la creación de escenas detalladas, retratos vívidos e imágenes inspiradoras que siguen sorprendiendo a los visitantes en la actualidad. Estos maestros vidrieros utilizaron una combinación de técnicas, desde el corte de vidrio hasta la pintura, para crear imágenes detalladas y coloridas. Su trabajo fue tan valioso que muchos talleres fueron patrocinados por la Iglesia o patrocinadores laicos. Y gracias a su devoción y experiencia, los vitrales se han convertido en puntos focales en las iglesias, celebrando la gloria de Dios y la riqueza de la tradición cristiana.

Más allá de su belleza, los vitraux de las iglesias cumplen varias funciones esenciales. Estas funciones, ya sean espirituales, estéticas o prácticas, reflejan las diferentes formas en que la Iglesia utiliza el arte para comunicar, inspirar y proteger a sus fieles.

Antes de la llegada de la imprenta, la mayoría de los fieles no sabía leer ni escribir. A través de sus coloridas representaciones, eran entonces herramientas de educación religiosa, permitiendo contar historias de la Biblia, la vida de los santos y otras historias sagradas.

Cada color utilizado tiene un significado simbólico. El azul, por ejemplo, suele asociarse con la Virgen María, su pureza y piedad. El rojo puede representar sacrificio y martirio, mientras que el verde simboliza esperanza y renacimiento. Estos códigos cromáticos refuerzan el mensaje espiritual y educativo de los vitrales.

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La iglesia Notre Dame de la Providence» de Digoin, fue construida en el siglo XIX (1869) en estilo arquitectónico románico y bizantino. Es una ciudad del departamento de Saona y Loira, Borgoña, Francia
(Getty) (Jean-Philippe Tournut/)

En la tradición cristiana, la luz suele verse como un símbolo de la presencia y la gracia de Dios. Cuando la luz del sol pasa a través de una vidriera, se transforma, iluminando el interior de la iglesia con colores brillantes y sagrados. Esta interacción entre luz y vitraux recuerda a los fieles la trascendencia de Dios y su poder de transformación.

Cada vidriera es una pieza única, resultado del minucioso y dedicado trabajo de maestros vidrieros. Estas obras, a través de su detalle, color y composición, son tesoros artísticos que reflejan no sólo la devoción religiosa, sino también las corrientes artísticas de su época.

Los vitraux crean una atmósfera especial en la iglesia. Dependiendo de la hora del día y del ángulo del sol, los colores y las sombras varían, ofreciendo un juego de luces en constante cambio. Esta dinámica ofrece a los fieles una experiencia visual y espiritual siempre renovada. Esto lo podemos ver en las vidrieras creadas por Gaudí para la Sagrada Familia de Barcelona; por la mañana poseen un significado y por la tarde otro.

Si bien dejan entrar la luz, también filtran la luz solar directa, creando un interior más templado y evitando las altas temperaturas en verano. Por tanto, ayudan a regular la temperatura dentro de la iglesia, proporcionando un ambiente propicio para la oración y la meditación.

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Si bien dejan entrar la luz, también filtran la luz solar directa en las iglesias, creando un interior más templado y evitando las altas temperaturas en verano (Getty) (naturalista/)

También sirven como barrera protectora contra elementos externos, como la lluvia, la nieve o el viento. Además de su función estética y espiritual, garantizan la durabilidad y seguridad del edificio eclesiástico. El arte del vitral es el resultado de un conjunto de técnicas refinadas y tradiciones centenarias. Estos métodos, desarrollados y perfeccionados a lo largo de los siglos, han producido luminosas obras maestras que siguen inspirando asombro y devoción.

Técnicas de los maestros vidrieros

Para plasmar los finos detalles de las escenas, como rostros, ropa o elementos decorativos, los maestros vidrieros utilizan pinturas especiales que se pueden adherir al vidrio. Después de pintarlo se calienta en un horno para que la pintura se fije permanentemente. El grabado, por ejemplo con una punta o una rueda, elimina una fina capa de vidrio para crear patrones o detalles. También es posible utilizar cepillos o esponjas especiales para obtener diferentes efectos de textura y tonalidad en el vidrio.

El plomo juega un papel fundamental en la producción. Las piezas de vidrio cortadas se mantienen unidas entre sí mediante varillas de plomo, formando una red que da estructura al conjunto. Luego, estas varillas se sueldan entre sí para garantizar la solidez del conjunto.

Por otra parte, el montaje de grandes ventanales requiere una estructura sólida. A menudo, se integran en el diseño barras de hierro, llamadas “vergettes”, para soportar el peso del vitral y distribuir las tensiones, asegurando la durabilidad de la obra.

La evolución estilística de estas obras están íntimamente ligada a los movimientos arquitectónicos. Los vitraux románicos, por ejemplo, tenían patrones simples, a menudo geométricos, con colores brillantes. Durante la etapa gótica, por otro lado, fueron más elaborados, con escenas narrativas y un mayor uso de la luz. Al igual que el arte y la arquitectura, los vitraux han sido influenciados por varios movimientos artísticos. Así, durante el Renacimiento, vemos una mayor atención al detalle y un uso más realista de colores y sombras. Más tarde, con el Art Nouveau, adquirieron formas orgánicas, motivos florales y curvas sinuosas. Cada época y cada movimiento ha dejado su huella en este arte, haciendo de cada vitral no sólo un reflejo de la devoción religiosa, sino también un testimonio de la evolución del arte.

El arte del vitral, aunque anclado en tradiciones centenarias, nunca ha dejado de evolucionar. Hoy en día, hay piezas modernas que ilustran una fusión de técnicas ancestrales e innovaciones contemporáneas, que se extienden más allá de los espacios sagrados para embellecer varios tipos de edificios.

Con la llegada de la tecnología y los nuevos métodos de diseño, la producción se ha diversificado. El grabado láser, por ejemplo, permite crear detalles con una precisión inigualable. La fusión de vidrio, una técnica que consiste en superponer y fundir varias capas de vidrio, también abre nuevas posibilidades en términos de textura y color.

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El arte del vitraux fue evolucionando con nuevas tecnologías (Getty) (Sylvain Sonnet/)

Además del vidrio tradicional, los artistas utilizan hoy en día materiales como el vidrio dicroico, que cambia de color según el ángulo de luz, o el vidrio termoformado que puede adoptar formas tridimensionales. Estas innovaciones permiten a los maestros vidrieros superar los límites de su arte, creando obras que juegan con la luz de nuevas maneras. Los vitraux ya no se limitan a iglesias y catedrales. Cada vez más, se integran en edificios públicos, hoteles, residencias privadas o estructuras comerciales. Pueden servir como elementos decorativos, separadores de espacios o incluso fachadas enteras, aportando un toque de elegancia y color a espacios que de otro modo serían cotidianos.

Aunque este arte se han diversificado en sus aplicaciones, siguen siendo un elemento central en los lugares de culto modernos. Con diseños modernos y técnicas avanzadas, estos vitrales contemporáneos reflejan la fusión entre la tradición religiosa y la modernidad artística. Así, el arte del vitral, respetando sus raíces, continúa adaptándose y evolucionando, dando testimonio de la capacidad humana de reinventar constantemente la belleza y el significado en un mundo en constante cambio.

En la región bonaerense tenemos muchos templos neo-góticos en los cuales poder admirar estas vidrieras, como ser las catedrales de Mar del Plata, Mercedes (ahí también la iglesia de san Patricio), Azul, la Basílica de Luján y la más grande catedral neo-gótica de América latina, la catedral de La Plata donde funciona el estudio de la “Tecnicatura Superior en Vitral”, carrera reconocida por el Ministerio de Educación, en la que se estudian materias como Dibujo, Química aplicada, Historia del arte, Termomodelado del vidrio y Teología. Está sostenida por la “Fundación Catedral”, que fue creada en 1992 con el objetivo de contribuir con la preservación, conocimiento y difusión del templo catedralicio bonaerense. La carrera tiene 22 materias que se cursan durante tres años y que pueden aprobarse por medio de exámenes finales o el sistema de promoción. Al concluir el segundo año, el alumno obtiene el título intermedio de auxiliar técnico en vitral.

En la Ciudad de Buenos Aires el templo que más vitrales posee es el santuario de la Medalla Milagrosa, en Parque Chacabuco (es la famosa iglesia por la cual la autopista Perito Moreno realiza una curva) y una de las que posee vitrales más en altura es la parroquia del Sagrado Corazón de María de Constitución que junto con la Basílica de San Carlos y María Auxiliadora de Almagro, formar unos de los templos con los vitrales más grandes de la ciudad.

Toldo se basa en la luz y como está, al ingresar por estas ventanas de colores, forman patrones y luces que nos elevan más hacia Dios, abandonado por unos momentos, nuestra mundanas inquietudes.