La lucha de tres mujeres de Bariloche por imponer su cerveza: “Tenemos derecho a competir en esta industria”

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Mujeres que hacen cerveza
Sol Aguirre Bengoa, Clara Bruzone y Julieta Burini en la fábrica

En pleno enero, el tránsito en la avenida Bustillo de la ciudad de Bariloche no tiene nada que envidiarle a cualquier atracón de autos en hora pico en Buenos Aires. Es momento de almuerzos y a medida que suben los kilómetros los turistas se suman a este corredor vial como en una procesión. De un lado y del otro del camino, en fila, buscando el hueco que los descienda a las playas. Ostentoso, robusto, el lago Nahuel Huapi parece vigilar el ritual de temporada.

Sol Aguirre Bengoa forma parte del malón, aunque no quiera ni maneje hacia la costa. Tiene que llegar a su trabajo en el kilómetro 15,500 de Bustillo donde fabrica la cerveza artesanal que creó con otras mujeres de la Patagonia.

“Las ganas de hacer cerveza nacieron en una charla de café. Las tres veníamos recorriendo el mundo emprendedor, donde las mujeres no se sienten demasiado adentro, y el mundo cervecero, del que tampoco las mujeres se sienten parte. Entonces pensamos que quizás era un buen desafío armar un proyecto que incluyera estos dos mundos y mostrar que podemos estar ahí”.

Sol repasa detalles de ese primer brainstorming con sus socias y amigas, Julieta Burini y Clara Bruzone. Los inicios de un emprendimiento craneado y ejecutado por mujeres que ya lleva seis años en un mercado copado por hombres.

Mujeres que hacen cerveza
Julieta y Clara cocinando cerveza

“Sabíamos que no contábamos con plata para montar una fábrica o un bar, por eso empezamos cocinando en el sótano de mi casa. Probando y poniendo a punto recetas. Y cuando ya estábamos listas, salimos a buscar alguna fábrica que nos quisiera alquilar su capacidad ociosa. Pero no fue nada fácil. Creíamos que sí, por los contactos y la experiencia que teníamos asesorando cervecerías. Pero no pasó lo que esperábamos. No querían mujeres cocinando cerveza y tuvimos que volver al sótano”.

Hace más de dos décadas que Sol vive en Bariloche y desde siempre trabajó con empresarios locales, acompañando la gestación y gestión de iniciativas. Julieta y Clara, en cambio, se formaron en laboratorios. Son biólogas con doctorados en temas relacionados al lúpulo y un largo recorrido aportando sus sapiencias en la calidad cervecera. De hecho, del cruce del sector productivo y el científico surgió el vínculo con Santiago Wesley, la cabeza de una de las cervezas artesanales mejor rankeadas en el sur y el único varón del ambiente que finalmente dejó entrar en una fábrica a las tres mujeres que querían cocinar su propia birra.

“Le vi potencial a la propuesta. Al día de hoy sigue sin haber nada como Brew Sisters en el mercado. Ellas además complementaban nuestra elaboración desde la parte técnica y balanceaban la imagen de nuestra marca, porque tenemos una imagen muy varonil, ligada al campo y a las actividades rurales. Así es que incorporar la parte femenina a mi fábrica me pareció buenísimo”, cuenta Santiago, el empresario y ahora socio de las fundadoras de Brew Sisters.

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Sol y Clara en la fábrica de Wesley

La utopía que sirve para caminar

Habilitado el espacio para trabajar, fueron apareciendo dificultades. Las típicas de un negocio que recién comienza y las que resultan de meterse en territorio que algunos creen suyo. Intrusas y sin guía, porque no hubo ninguna antes.

Sol recuerda uno de sus mayores padecimientos: “Durante un tiempo me ocupé de la comercialización con mi autito. Iba con el baúl repleto de barriles, parando donde podía. A veces acompañada, a veces sola. Y los cerveceros o los dueños de los bares me puteaban mal. Quizás porque pensaban que me tenían que ayudar. No sé. Así era siempre la movida. Hasta que empezamos a hacer la distribución con Wesley Brewery y me tocó salir acompañada arriba del camión. Ahí todo cambió. Pasé a estar en un nivel distinto para ellos y sentí la diferencia en el trato”.

La articulación al interior de Wesley también es algo nuevo, que va tomando forma a tientas, sin experiencias previas donde chusmear. La fábrica es una y no puede dividirse en partes para que produzcan unos o unas. Hace falta acordar cronogramas de cocciones, revisar planificaciones, comprar insumos, aprovechar la rotación de levaduras y muchos etcéteras.

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Sol, Clara y Santiago Wesley en la fábrica de éste último, donde elaboran su propia cerveza

Para Clara se trata de un desafío del que aprender cada día: “En Argentina la producción a fasón de cerveza no era tan común hace unos años. Solo había una cervecería conocida en Buenos Aires que lo hacía, el resto tenía cada uno su fábrica. Entonces, ¿desde dónde arrancás? ¿Cómo empezás a negociar? ¿Qué números, qué valores, qué cosas se ponen sobre la mesa a la hora de construir una relación socio-empresarial? Y sigue siendo un desafío dónde nos paramos nosotras en esas negociaciones. Somos tres mujeres negociando con un grupo de hombres porcentajes o quién paga o cobra o trae qué cosas. Y ellos te muestran un lugar, te ponen a prueba en esa negociación. Pero creo que nosotras hemos ido creciendo y es un aprendizaje para todas y todos”.

El ida y vuelta entre Wesley Brewery y Brew Sisters fue permeando visiones, maneras, objetivos que alcanzar. Por ejemplo, los directivos de Wesley cambiaron el régimen y establecieron 15 días de licencia por paternidad para sus trabajadores. Además, autorizaron un taller de género para los empleados y las empleadas en pos de enriquecer la recepción de adolescentes que visitan el predio.

Por su parte, las brewsisters señalan haberse ordenado a partir de la mirada comercial de sus colegas. Clara reconoce el consejo del otro en el hacer propio: “Solíamos correr detrás de la zanahoria, pensando cervezas nuevas, productos nuevos. Pero claro, después necesitábamos la etiqueta para esta, la etiqueta para aquella, aumentaban los costos… todo se volvía muy difícil. Hasta que bajamos a la realidad, a consensuar entre lo que fantaseamos con poder producir y lo que realmente podemos producir en un contexto donde no somos solo nosotras ni tenemos nuestra fábrica. Entendimos que si por practicidad necesitamos fabricar menos estilos, lo vamos a tener que hacer. Ojo, no es que dejamos de lado las novedades, pero hay una cotidianeidad que nos obliga a cierta estabilidad. Esa estructura la aprendimos por estar metidas en esta empresa”.

Mujeres que hacen cerveza
Clara, Sol y Julieta tuvieron el sueño de fabricar su propia birra y lo lograron

Para Sol, la ecuación debe priorizar la meta mayor, el propósito alfa que las mueve: “Queremos comercializar Brew Sisters, no queremos que sea hecha para un día, un evento u homenaje solamente. Eso vale un montón, pero desde el primer momento las tres quisimos vender, poder competir. Porque sabemos que la cerveza está buena, que es un buen producto, porque armamos la idea y queremos ganarnos un lugar en este mercado. Tenemos derecho a competir en esta industria. Y en la competencia quizás nos toque hacer lo mismo que hacen ellos. A veces soltar el sueño de fabricar todos los días una cosa distinta en small batch o añejado con no sé qué, y producir la IPA que va a permitir que la rueda gire y nos dé algo”.

Hoy la marca se vende especialmente en la ciudad de Bariloche y en algunos espacios de Río Negro y Buenos Aires. Desde el último acuerdo, además, hay una o dos canillas de los bares de Wesley con estilos “brewsistas”. Las redes sociales son la gran vidriera de los productos. El público más fiel: las mujeres.

– ¿La particularidad de las cervezas Brew Sisters es que las fabrican mujeres?

Sol atina a primerear la respuesta, pero recula; piensa unos segundos, mira a su compañera hasta que finalmente dice: “La particularidad es que somos tres mujeres, o el conjunto de cuestiones que describen a Brew Sisters, desde lo científico, el desarrollo y la comunicación de la marca, la distribución… todo está atravesado porque efectivamente somos mujeres y miramos la vida y se nos presentan desafíos y los abordamos y los contamos con la particularidad de lo que somos: tres mujeres que aman fabricar su propia birra”.