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Obispo de Concepción: «el Miércoles de Cenizas oración y ayuno por la paz en el mundo»

En su homilía de este miércoles monseñor, José Díaz, expresó su preocupación, por la guerra en Ucrania y convocó a la comunidad toda a rezar por la paz. “Hay quiénes se obstinan por sembrar la violencia y no la paz”, señaló.

El tiempo de Cuaresma de este año se abre con la misma exhortación del Señor en boca del profeta Joel: “conviértanse a mí de todo corazón, con ayunos, llantos y lamentos; rasguen sus corazones, no sus vestidos, y conviértanse al Señor su Dios, un Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor”, expresó Díaz.

“Con el Salmo 50 pedimos la Misericordia de Dios, reconociendo nuestro pecado y suplicando que Dios nos lave y limpie de ellos y nos dé un corazón nuevo, que nos renueve por dentro con espíritu firme, que nos devuelva la alegría de la salvación afianzándonos con espíritu generoso abriéndonos los labios para proclamar su alabanza.

En otro pasaje de la homilía de la máxima autoridad eclesiástica de la Diócesis de la Santísima Concepción resaltó que: “Volver a Dios, convertirnos al Señor de manera constante y profunda está en la base de nuestro caminar como Iglesia y como discípulos. Es la primera gracia que debemos pedir: volver a El, buscarlo en la oración, con el ayuno y la caridad sabiendo que se manifiesta de distintas maneras.

Ese volver a Dios se concreta mediante la Reconciliación con El, sobre todo en este tiempo “favorable” como nos indica el Apóstol Pablo.

Pero a la vez, este volver a Dios implica un camino y un modo diferente al modo como lo hacían los Fariseos. Ellos lo hacían para aparentar delante de los otros, pero Jesús nos pone de cara al Padre y en intimidad con El.

“Cuiden de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendrán recompensa del Padre celestial.

…cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

…cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.

…cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

El Señor nos aproxima a una mayor profundidad y autenticidad. En espíritu y en verdad.

Este llamado se reafirma en el gesto de la imposición de las cenizas. Es el momento en el que la Iglesia nos recuerda nuestra verdad: “recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás”.  Toda una exhortación a un profundo acto de humildad. Un punto de partida para un auténtico proceso de conversión.

Pero también, estamos llamados a una vida nueva: “conviértete y cree en el Evangelio”. Levantarnos para empezar una vida nueva es la meta de todo este proceso cuaresmal.

A la vez, el Santo Padre nos escribió un mensaje para este tiempo de Cuaresma inspirado en un texto de la carta a los Gálatas: «No nos cansemos de hacer el bien, porque, si no desfallecemos, cosecharemos los frutos a su debido tiempo. Por tanto, mientras tenemos la oportunidad (kairós), hagamos el bien a todos» (Ga 6,9-10a).

El Santo Padre nos plantea el tiempo de la Cuaresma como un camino de siembra y de cosecha. El camino penitencial cuaresmal es un tiempo de abrir la tierra, nuestro corazón, para depositar la semilla de la Palabra que en nosotros va creciendo, sin que sepamos como, hasta dar frutos.

Visto así, nos alejamos del tradicional error de considerar que los sacrificios y mortificaciones cuaresmales son prácticas voluntaristas que se agotan en si mismas sin ver los frutos.

En cambio, sembrar el bien con abundancia es buscar el tesoro de bondad que llevamos dentro para esparcirlo abundantemente. Eso implica renuncias, pero no buscando una perfección individualista sino el bien de los hermanos.

La abundancia de la cosecha depende de la abundancia de la siembra.

Iniciamos este camino cuaresmal con la triste y dolorosa noticia de la guerra. Hay quiénes se obstinan por sembrar la violencia y no la paz. Por ello el Papa nos pide vivir esta jornada ofreciéndola con esta intención específica: por la paz del mundo. Oremos por la conversión de aquellos que pueden cambiar esta historia de muerte.

Que nuestra Madre María Santísima nos acompañe en este caminar cuaresmal para dar abundantes frutos de vida nueva”, cerró el prelado

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